Tal vez no quería llegar a esto. Pero, viéndolo desde el punto en el que me encuentro, era previsible que así sucedería.
Las manos frías sujetando la taza de té. No había otra cosa. Un cigarrillo, me quedan dos y ya me está partiendo la cabeza pensar que en mis bolsillos sólo quedan monedas. De nada me sirvió el vicio. De nada.
¿Cuántas veces voy a contar lo mismo? ¿Cuántas veces van a tolerarme repitiendo las mismas escenas que me consumirán hasta volverme una figura estática del pasado? Ya no...
El perro, negro y brilloso. Ladraba en medio de la calle. El barro ya no manchaba sus garras. Le tiré un cascote muy pesado. En el fondo quería matarlo. Él también lo sabe. Me ladra en sueños. Son sueños que se mezclan, los suyos y los míos. Después de todo, la muerte le hubiera ahorrado el aliento. Y yo en el pasillo, seleccionando a ciegas el mejor proyectil.
Pasan los trenes ¿Cuántos de ellos han arrancado cabezas, miembros, historias de cuajo sin darse cuenta de lo que hacían? Al mismo tiempo, recuerdo haber tomado uno de esos asesinos para copular, para drogarme y reírme de mí mismo. Hoy por hoy no logro hacer nada de eso.
Me tumbé en la cama. Sonaba la voz de una mujer. Empecé a masturbarme. Exhalé como si estuviera empujando un elefante. Me quedé sin aliento. No pude mantener la erección. Estoy muriendo lentamente, pero nadie más lo sabe. Quisieran tener mi edad para aprovechar todo el tiempo que perdieron alucinando con el futuro. Es tarde. Sus cueros están comenzando a pudrirse.
La ventana deja entrar la sombra nocturna. La taza de té me aburre. Otro cigarrillo ¿qué más da? Otro silencio minúsculo que se escapa de mi boca para atropellar al suelo. Como si nada más pudiera cobrar fuerzas. He transpirado como un cerdo. Pienso qué haré cuando salga el sol. Es un monstruo.
Mis ojos se cierran casi siempre. Los abro a la fuerza, para probarme que aún existo. Pero siempre vuelven a la misma posición. Hablo de los párpados. Los ojos mueren con la risa. Reír. Reír ya no me apasiona ¿De esto se trataba toda la mierda del budismo? Algo me han hecho.
Los destellos de vida que aún no logré tirar me piden droga. Todo es droga para mí. Sin drogarme no logro pensar bien. Hay una araña intentando atrapar a un mosquito. Está en la esquina de este cuarto. Se empeñan. Es como trabajar. El mosquito voló, también usa sus fuerzas para ir y picar y copular y volar. De eso se trata la vida para él. Doy por contado de que es un macho, aunque ahora lo dudo.
Tengo muy presente la imagen repugnante de un suelo lleno de sangre. Un perro degollado me revuelve las tripas. Yo lo maté. Mis manos no hicieron nada, tan sólo imaginé que lo mataba. Sin embargo no puedo olvidarle. Estuve a punto de matarlo. Y así todo el tiempo.
Hay algo en mi cabeza que me susurra todo el tiempo que lo haga. Matar - matar - matar - matar. Creo que por eso no he muerto del todo. Necesito matar para hacerlo. Si no cometo un crimen, mi tarea no estará hecha y entonces no podré partir.
Fuera de la sociedad. Los rostros ajenos me repugnan. Las mujeres me generan pánico. Con sus piernas y sus tetas hermosas. Pretendo todo el tiempo. Algo me detiene. No puedo arruinar sus vidas. Como aquella vez, que con sus ojos negros me dijo que me amaba ¿En serio querías que te asesinara a vos, Eliana?
Vamos, ya déjenme en paz. No voy a hacerlo. Sé toda la trampa que hay detrás. ¿Acaso los deseos no son siempre los culpables? ¿no se forman a partir de una gran ignorancia, que nos hace desear para después aniquilarnos? ¿No se trataba de eso toda la mierda del budismo?
Mejor voy a terminar conmigo. Aunque hay flores en el suelo, sería un desperdicio que acabaran en otros ojos. Voy a verlas hasta que se mueran. No me queda más que deambular aún sabiendo que el mundo es nada absoluta.
A modo de droga; seguiré matando perros en mis sueños.
Las manos frías sujetando la taza de té. No había otra cosa. Un cigarrillo, me quedan dos y ya me está partiendo la cabeza pensar que en mis bolsillos sólo quedan monedas. De nada me sirvió el vicio. De nada.
¿Cuántas veces voy a contar lo mismo? ¿Cuántas veces van a tolerarme repitiendo las mismas escenas que me consumirán hasta volverme una figura estática del pasado? Ya no...
El perro, negro y brilloso. Ladraba en medio de la calle. El barro ya no manchaba sus garras. Le tiré un cascote muy pesado. En el fondo quería matarlo. Él también lo sabe. Me ladra en sueños. Son sueños que se mezclan, los suyos y los míos. Después de todo, la muerte le hubiera ahorrado el aliento. Y yo en el pasillo, seleccionando a ciegas el mejor proyectil.
Pasan los trenes ¿Cuántos de ellos han arrancado cabezas, miembros, historias de cuajo sin darse cuenta de lo que hacían? Al mismo tiempo, recuerdo haber tomado uno de esos asesinos para copular, para drogarme y reírme de mí mismo. Hoy por hoy no logro hacer nada de eso.
Me tumbé en la cama. Sonaba la voz de una mujer. Empecé a masturbarme. Exhalé como si estuviera empujando un elefante. Me quedé sin aliento. No pude mantener la erección. Estoy muriendo lentamente, pero nadie más lo sabe. Quisieran tener mi edad para aprovechar todo el tiempo que perdieron alucinando con el futuro. Es tarde. Sus cueros están comenzando a pudrirse.
La ventana deja entrar la sombra nocturna. La taza de té me aburre. Otro cigarrillo ¿qué más da? Otro silencio minúsculo que se escapa de mi boca para atropellar al suelo. Como si nada más pudiera cobrar fuerzas. He transpirado como un cerdo. Pienso qué haré cuando salga el sol. Es un monstruo.
Mis ojos se cierran casi siempre. Los abro a la fuerza, para probarme que aún existo. Pero siempre vuelven a la misma posición. Hablo de los párpados. Los ojos mueren con la risa. Reír. Reír ya no me apasiona ¿De esto se trataba toda la mierda del budismo? Algo me han hecho.
Los destellos de vida que aún no logré tirar me piden droga. Todo es droga para mí. Sin drogarme no logro pensar bien. Hay una araña intentando atrapar a un mosquito. Está en la esquina de este cuarto. Se empeñan. Es como trabajar. El mosquito voló, también usa sus fuerzas para ir y picar y copular y volar. De eso se trata la vida para él. Doy por contado de que es un macho, aunque ahora lo dudo.
Tengo muy presente la imagen repugnante de un suelo lleno de sangre. Un perro degollado me revuelve las tripas. Yo lo maté. Mis manos no hicieron nada, tan sólo imaginé que lo mataba. Sin embargo no puedo olvidarle. Estuve a punto de matarlo. Y así todo el tiempo.
Hay algo en mi cabeza que me susurra todo el tiempo que lo haga. Matar - matar - matar - matar. Creo que por eso no he muerto del todo. Necesito matar para hacerlo. Si no cometo un crimen, mi tarea no estará hecha y entonces no podré partir.
Fuera de la sociedad. Los rostros ajenos me repugnan. Las mujeres me generan pánico. Con sus piernas y sus tetas hermosas. Pretendo todo el tiempo. Algo me detiene. No puedo arruinar sus vidas. Como aquella vez, que con sus ojos negros me dijo que me amaba ¿En serio querías que te asesinara a vos, Eliana?
Vamos, ya déjenme en paz. No voy a hacerlo. Sé toda la trampa que hay detrás. ¿Acaso los deseos no son siempre los culpables? ¿no se forman a partir de una gran ignorancia, que nos hace desear para después aniquilarnos? ¿No se trataba de eso toda la mierda del budismo?
Mejor voy a terminar conmigo. Aunque hay flores en el suelo, sería un desperdicio que acabaran en otros ojos. Voy a verlas hasta que se mueran. No me queda más que deambular aún sabiendo que el mundo es nada absoluta.
A modo de droga; seguiré matando perros en mis sueños.
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