No existen noches sin vigilia, me las paso acompañado por mi propia paranoia,
mis errores al andar,
el recuerdo de otros tiempos, que por más que lo intente no volverán a morderme la piel
como antes, cuando antes era un sólo un instante superfluo para mí
relojes tontos que hoy añoro
Fue la impaciencia, mi entender omnipresente fue el verdugo más ciego
¿Qué hacer entonces esta noche,
acompañado por letras que intentan revivir algo muerto, algo pasado por el tiempo?
Sin embargo, he muerto —un poco, pues creo que mi carne se parece a la de ayer—
y vago por este mundo, que me llama por mi nombre, el único nombre que tuve alguna vez
¿Qué más me queda? ¿Qué más da?
Si buscar por buscar casi nunca trae suerte,
si reír en verdad es un acto fallido
tal vez no lo merezco, o tal vez no sea culpable
de haber(me) partido
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