A mis huesos,
te los doy envueltos
en celofán y creo
que si no estás
el día en que me muera
igual viajaré a abrazarme
a tus dulces tetas
pues no podrías temerle
al espectro del reo
que se dormía en tu pelo
después de verte saltando
desde abajo
Ho enfermo, deseo
mi último instante
pasarlo dentro de tu cuerpo
al que he tratado
de modo violento
mas no lamento haber sido un perro
que lamió tus pies
sangró tu piel
tragó tu miel
Atrapando mariposas
escondidas en tu concha,
revelo un sádico reflejo;
ya nunca podré recordarte muda,
porque al cerrar los ojos
escucho la música jadeante
te imploro y te tomo
de tu frágil cuello
¿Acaso no estamos a mano?
Lo digo,
no lo sé;
es que por ti yo muero
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