A la intemperie mi nervio más sensible
bajo el influjo del aire que oxida y grita
se apoya en mi ojo, en uno de ellos
si lo estrangulan voces ineluctables
Le aguardan mi pecho, mis órganos todos
farra sanguínea celebran al verlo
Ya hablarán de mi loco andar,
aquellos que fingen y aburren a las piedras
mientras cortan flores que ven, pero no entienden
Un perro se inclina ante mí
él también probó la sangre
Nervio cortado, cobre mojado
me incitan a volar
a quemar fragmentos del mañana
Y cuando piensan que no soy;
es porque siempre estoy
infame, incoherente, vestigio que vuelve

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